¿Por qué los mamíferos se dan el “beso esquimal?: Estudio explica el fenómeno
Se trata de una conducta común en mamíferos, mucho más extendida que el beso boca a boca, que se limita a humanos y primates como chimpancés y bonobos.
Un estudio reciente reunió evidencia en distintas especies para explicar las posibles razones evolutivas detrás del llamado “beso esquimal”, un contacto nariz con nariz que cumple funciones químicas y sociales.
Según los autores, este tipo de interacción puede ayudar a transmitir información sobre salud, reproducción e identidad, además de reforzar vínculos dentro de un grupo.
A diferencia del beso boca a boca —común en humanos y descrito en menor medida en chimpancés y bonobos— el contacto nariz-nariz aparece con mayor frecuencia en mamíferos. En especies sociales, se asocia a cohesión, dominancia y reducción de conflictos, funcionando como saludo, señal de afecto o demostración de control social.
Este comportamiento se observa tanto en especies de vida individual como en comunidades eusociales (con jerarquías y división de tareas), donde actúa como un “código” de reconocimiento entre miembros y, en algunos casos, como una forma de mantener el orden del grupo.
El caso de los mamíferos solitarios
En especies solitarias, como el erizo europeo, el contacto nariz con nariz se interpreta principalmente como un mecanismo para captar señales químicas. Durante el olfateo mutuo, ambos animales entran en un breve letargo de entre 30 y 60 segundos, periodo en el que los investigadores plantean que procesan la información. Tras la interacción, se separan sin agresión, lo que permitiría evitar enfrentamientos innecesarios.
El caso de los mamíferos sociales
En animales sociales, el significado cambia según la especie. En gatos, este gesto suele funcionar como un saludo que refuerza la familiaridad. En perros, se describe como una forma de comunicar hallazgos relevantes, por ejemplo, cuando aparece comida y se “comparte” la novedad con otros.
En algunas especies de murciélagos, el contacto se acompaña de vocalizaciones conocidas como “llamado de frotamiento de nariz”. En otras, el gesto se utiliza para transferir información de identidad mediante la secreción de un fluido aceitoso.
En castores euroasiáticos, se ha propuesto que podría formar parte del ritual de apareamiento para consolidar parejas, aunque también se observa entre adultos y crías o entre hermanos, posiblemente como conducta afiliativa.
En contextos de crianza o convivencia, el olfateo puede ser persistente: en cerdos en corral, se ha descrito que realizan contacto olfativo decenas de veces en pocas horas, asociado a reconocimiento social, afiliación o incluso placer intrínseco del olfateo. En ratas, se plantea un rol similar de reconocimiento mutuo. Y en ratas topo, el gesto aparece vinculado al mantenimiento de la jerarquía reproductiva.